Wall-E o el aprendizaje de la humanidad
Al hablar de Pixar es importante hacer una diferencia entre «películas infantiles» y «peliculas que también le gustan a los niños». Las primeras, como Shrek o Madagascar acusan de un infantilismo narrativo para tranquilizar la conciencia de los padres (esto lo entiende el nene) y de un humor elemental (pedos, pastelazos y coreografías ridículas sobre canciones de los 80-90) para entretener a los padres mientras sus crías se atiborran con una sobredosis de azúcar.
Las películas de Pixar, en cambio, son apuestas de riesgo que en su complejidad conceptual, tan bien entramada, lo mismo fascinan a un cinéfilo que a un niño de cinco años. Y es que cada filme de la factoría de Lasseter propone un mundo llevado hasta sus últimas consecuencias visuales: el universo a raz de la rodilla de Toy story, la épica minuciosa en el espacio de un jardín en Bichos, la insólita fábrica de temores de Monster Inc., la búsqueda frenética en la atmósfera amniótica de Buscando a Nemo, el mundo forjado en metal de Cars, los sabores convertidos en un nuevo lenguaje en Rattatouille...
el 12-07-2008


